martes, 31 de agosto de 2010

El malestar que dura ja més de dècada i mitja


Seria difícil trobar algú amb criteri d'esquerres que pugui estar satisfet de la situació de discòrdia que viu l'esquerra de Polinyà. És el que penso després de veure que passen els anys i res no canvia per reposar una situació que no beneficia a ningú.

Cal dir-ho amb tota claredat el canvi està en mans del PSC. A ningú més. És ell qui es va entregar i qui va crear el malestar que dura ja més de dècada i mitja. A diferència de l'altra esquerra, el PSC mai ha col•laborat per normalitzar les relacions, tenint temps per fer-ho. Però no només no està per la feina, sinó que últimament complica encara més les coses amb comportaments inadmissibles contra activitats tan dignes, com la celebració de la República.

Només els ha importat guanyar eleccions. I pactar amb CiU quan no tenien majoria. És evident que els partits polítics tenen total llibertat per pactar amb qui vulguin en l'àmbit local i nacional. Però també han de saber, que tot té un preu i que tard o d'hora es paga el peatge. Es podria aplicar allò de "qui sembra vents recull tempestes".

He decidit publicar aquesta nota perquè tinc necessitat d'expressar el que penso. I el que penso es que Polinyà no és un poble de capes mitjanes. Polinyà és un poble de treballadors que vota esquerres majoritàriament des de l'any 1987.

La conjuntura política és canviable i més aviat que tard l'esquerra transformadora avançarà si segueix per la senda de la unitat, que s'ha emprès.

M'agradaria treballar per afavorir un millor clima on floreixi un horitzó de confraternitat i que ajudi a donar el gir necessari que demana la situació política. Un gir que ajudi a crear entusiasme i amb valentia, afrontar els grans problemes de les famílies de Polinyà, que en aquests moments passen per seriosos problemes. Crear mecanismes que fomentin l'ocupació local i promoure polítiques que mobilitzi als joves en la defensa dels seus drets.

Ens toca dignificar la política local davant l'apoliticisme que galopa perillosament, fruit dels grans errors comesos. I, és urgent, és clar, enfortir la solidaritat, la pluralitat i la multiculturalitat de la societat Polinyense, en nom d'una societat moderna i democràtica. Així com desenvolupar accions que restitueixin els valors tan degradats en els últims temps.

Però per això el PSC ha de canviar el seu anacronisme personal i estendre la mà de la trobada. El dubte és si l'actual direcció és capaç de donar aquest pas. Els socialistes no poden seguir pensant que estan sols representant a l'esquerra. Han d'admetre que més enllà d'ells, hi ha persones notòries que atresoren un gran prestigi i afecte entre la població. I que pertanyen a organitzacions d'esquerres que lluiten per una altra societat més justa i igualitària ... i que no es pot prescindir d'elles, perquè a més d'estar creixent orgànicament, tenen la raó i la força que dóna el fet d'haver actuat correctament tots aquests anys, comptant amb els errors corresponents.

Estic convençut que moltes persones "aplaudirien la reconciliació política i altres possiblement no". Però es donaria un gran pas per seguir avançant. Estic convençut. A més, que seria motiu de noves il•lusions de cara a afrontar la situació que se'ns ve a sobre.

sábado, 7 de agosto de 2010

La ceguera política del PSC de Polinyà


He decidido escribir esta nota a título personal, porque es difícil pasar por alto las actitudes políticas que lejos de trabajar para edificar una sociedad nueva y de nuevos valores humanos, se enseñe a odiar a un rival político de la misma clase social. Aquí entra de lleno la frase del Che cuando decía: “si fuéramos capaces de unirnos, que bello y cercano seria el futuro”.

Sería interesante conocer los motivos si los hay “sobre el por qué el PSC conserva tanto odio a su izquierda”. Es triste reconocer que nunca las relaciones personales ni políticas fueron buenas entre las dos organizaciones de izquierdas de Polinyà. Incluso cuando la izquierda de Polinyà siempre se nutrió de personas luchadoras, honestas y de reconocido prestigio en el pueblo. Es una izquierda por la que pasaron y convivieron familiares directas de dirigentes del PSC y ocuparon cargos municipales en varias elecciones des de el 1979, cuando aun ni siquiera había nacido el PSC de Polinyà (año 1986). La izquierda de Polinyà fue siempre una organización combativa que luchó en solitario contra la especulación del momento y defendió mejores condiciones de vida para los ciudadanos. Es la izquierda que gobernó los designios este pueblo desde el año 1987 al 1995. Y es la izquierda que sigue trabajando y luchando para cambiar las cosas que no gustan en Polinyà y en el mundo.

Sigo intentando localizar un sólo motivo que pueda justificar el odio y de repente apareció un posible razonamiento que más o menos puede estar acertado; algo han hecho los socialistas para que les haya ido tan bien. A ellos, claro está.

A Polinyà han venido miles de personas provenientes de otras ciudades de mayoría socialista electoralmente al que el PSC ha sabido tratar vinculando un enfrentamiento político para desgastar a la izquierda. Y de ahí les viene parte de los grandes réditos electorales obtenidos. Aunque sean hechos refutables que producto de la ceguera política lleve un partido de izquierdas a echar mano de comportamientos tan poco edificantes.

Aun así, quiero personalmente destacar lo positivo e importante que es que elección tras elección ICV-EUiA y PSC juntos obtengan el respaldo mayoritario de la ciudadanía de Polinyà, porque son partidos que si bien les separa una gran distancia en su estrategia final, en los pueblos representan a una misma clase social. Y son partidos que, en teoría, deberían consensuar y luchar unidos por alcanzar políticas sociales para los trabajadores, y más en los momentos tan dificultosos como estos. Esta actitud sería de agradecer por la ciudadanía.

Urge una rectificación del PSC antes de que sea tarde. El PSC debe responder a la nueva situación y comprender que todas las fuerzas políticas locales van a trabajar siempre para ampliar su espacio político y social y alcanzar cada vez mayor representación municipal de cara a desarrollar sus proyectos políticos y sus estrategias. Eso no es malo, todo lo contrario, es bueno porque se enriquece el debate plural. Esa es la democracia. Y claro está que no se puede seguir siendo tan beligerante con las personas y partidos que luchan por un mundo mejor (…) un mundo más solidario y más justo. Los enemigos son otros.

Que las sosas en Polinyà no están bien, es un clamor. Que Polinyà necesita más consenso y dinamismo...y más participación, también. Es la realidad. Y hay que prepararse porque la sociedad cada vez va a exigir más y hay que responder ante ella. Hay que responder porque es a ella a quien le corresponde labrar y confeccionar su futuro y no dejarlo en manos de mesas copadas de intereses y despachos plagados de burócratas y tecnócratas.

La izquierda también ha cometido grandes errores que habrá que ir mitigándolos porque tiene delante varios retos y tiene que responder con decisión, seriedad y fuerza renovada, para reforzar la credibilidad. Bajo mi opinión personal creo que hay necesidad de acelerar el ritmo de la acción y ampliar la base política y electoral de ICV-EUiA. Profundizar más en la participación para aplicar las políticas sociales que corresponden a tiempos de crisis. Hay que reunificar nuevamente a toda la izquierda plural y marcar las directrices políticas pertinentes capaces de engrescar a la mayoría de la izquierda plural de Polinyà. Me satisface conocer que es en esa línea en la que se está moviendo en este momento. Su actividad es intensa y satisfactoria. Y como no está demás, me gustaría hacer una llamada a todas las personas de izquierdas de Polinyà a que se sumen al proceso.

Estamos en tiempos muy duros para los trabajadores. Son tiempos de ejercer la solidaridad y ejercer más presión social a gobiernos para que respondan a las necesidades y a la precariedad que han sembrado con las crisis. Hay que reforzar la idea de que los trabajadores no provocaron la crisis y son los que la están pagando, mientras los poderosos que la crearon aun en crisis obtienen grandes beneficios. En esa dirección hay que apoyar la huelga general convocada por los sindicatos para el 29 de septiembre y trabajar para que sea un éxito. Una huelga en la que nos jugaos muchos las fuerzas de izquierda, los sindicatos y los trabajadores.

En ese terreno, hay necesidad de reforzar la exigencia de los Ayuntamientos sobre la financiación de los municipios. Hay que constatar que llevamos cuarenta y un años de Ayuntamientos democráticos y son cuarenta y un años de fracaso del municipalismo, por no haber conseguido establecer un modelo de financiación ajustado a la realidad. Máxime cuando se han acabado los grandes ingresos de las licencias de obras y afloran deudas impresionante como las de Polinyà y difíciles de afrontar. Según el Ministerio de Economía y Hacienda, el Ayuntamiento de Polinyà a 31/12/2009 poseía una deuda de 9.158.000€ el 51,98% del presupuesto municipal que ascendió a 17.618.729€ para el 2009. La deuda viva a 31/12/2008 ascendía a 9.484.000 por lo que en el último año la deuda se redujo a 326.000€.

Es tiempo de defender todo lo conseguido durante tantos años de lucha en materia sanitaria, en educación y en las relaciones laborales. Los trabajadores no podemos dejar pasar desapercibidos y por alto como si no pasara nada con las voces que apuestan por colocar el repago de los servicios sanitarios. Los servicios públicos de salud hay que blindarlos y declarar innegociable su precariedad y su privacidad.

Pero tampoco se puede dejar pasar las mentiras y falsedades interesadas, como es el caso de Can Anglada. CiU no puede desvincularse de su responsabilidad en el tema del derrocamiento de la Masía de Can Anglada. Y no pueden desvincularse porque ellos también formaron parte del gobierno cuando se aprobó el derrumbe de Can Anglada. Como son responsables también de que la Masía de Can Serra no tenga proyecto y que finalmente se tenga que derrumbar. Sres. de CiU, no todo vale con tal de ganar votos. A Uds. también les solicito su ayuda para dignificar la política en Polinyà.

domingo, 1 de agosto de 2010

Gaspar Llamazares afirma que “las trabajadoras y los trabajadores sufren con esta reforma laboral el asalto más duro a sus derechos de la democracia”


Intervención íntegra del portavoz parlamentario de IU durante el debate inicial en la Comisión de Trabajo del Congreso sobre la reforma laboral que ha salido aprobada en solitario por el PSOE:
Señorías, a pesar de la luz de agosto, hoy es un día negro para el Parlamento, para los trabajadores y para la izquierda. Para el Parlamento, porque estamos siendo sometidos a un trágala degradante y confuso del cual esta Comisión es un exponente bastante claro: ya no estamos en la geometría variable sino en una aritmética confusa y degradante para el Parlamento. Para los trabajadores, que sufren un asalto a sus derechos, quizás un asalto repetido, pero quizá también el asalto más duro de la democracia. Y para la izquierda, porque en su nombre o en nombre de sus principios se impone una contrarreforma -que no una reforma- en materia laboral. Además, señores del Partido Socialista, les recuerdo la máxima clásica de que ‘la derecha no paga favores’.
Señorías, después del paréntesis en que los Estados socorrieron a los mercados, hoy los mercados, como el alacrán -está en su naturaleza-, se revuelven contra lo público y han decidido imponer una salida autoritaria e injusta a la crisis sobre las espaldas de los de siempre, sobre las espaldas de la ciudadanía y de los trabajadores, pero además sobre las espaldas de la democracia.
Si ayer fue el recorte del Estado social y la privatización del ahorro popular mediante la privatización de las cajas de ahorro, hoy es el asalto a los derechos de los ciudadanos como trabajadores, de aquellos que se ganan la vida con su trabajo. Porque no es verdad -y ustedes, señorías, lo saben-, que lo que hoy aprobamos sea una reforma laboral; la verdad es que esta que debatimos es la contrarreforma laboral más dura del periodo democrático.
Un día negro para los trabajadores porque, en primer lugar, facilita el despido objetivo -incluso de empresas, como Telefónica, que hoy sólo han disminuido sus beneficios, pero los siguen teniendo- como mecanismo de competitividad. Y abarata el despido hasta el punto de que financia, en un ejercicio de malversación de fondos públicos, el despido improcedente. Porque, en segundo lugar, hace más inseguro y precario el empleo no de unos frente a otros, que es la crítica a la dualización de nuestro mercado laboral, sino que hace inseguro el empleo de todos, iguala a todos por abajo. Porque, en tercer lugar, debilita a los trabajadores y a sus sindicatos en la negociación colectiva -no lo es, pero tal parece una venganza contra los sindicatos en la convocatoria de la huelga general-, y conceptúa a la empresa, con esta actitud de desequilibrio entre trabajadores y empresarios, como un castigo, no como un compromiso común. Porque, en cuarto lugar, privatiza aún más la intermediación laboral en contra de los servicios públicos de empleo -degrada lo público-, y porque, en quinto lugar, renuncia a un cambio de modelo productivo mirando a las viejas ventajas competitivas del pasado como una estatua de sal.
Señorías, no es cierto -no es cierto, compañeros del Partido Socialista, y vosotros lo sabéis- que esta norma sirva para salir de la crisis; recompone los beneficios sin contrapartidas. No es cierto que esta norma cree empleo o evite la destrucción del empleo existente, el empleo lo crean la recuperación económica y el estímulo público, y las medidas de ajuste van en el sentido de que aumentará el desempleo. Y no es cierto que reduzca la precariedad y la dualidad de nuestro mercado de trabajo, muy al contrario, la consolida.
Estos argumentos que se han utilizado hasta hoy son pura propaganda. La verdad es que se consolida y se amplía lo peor de nuestro modelo laboral y lo peor de nuestra economía, dígalo Agamenón o dígalo Zapatero. Se amplía la explotación laboral como factor de competencia del pasado, mete más alucinógenos a nuestro empresariado, amplía la precariedad y los bajos salarios como norma de nuestro modelo laboral, amplía el desequilibrio en la relación laboral entre patronal y sindicatos y, como consecuencia, la desigualdad de rentas, y amplía y consolida la escasa modernización y productividad de nuestro sistema económico.
Además, este trámite parlamentario ‘exprés’, que podríamos denominar ‘con agosticidad y alevosía’, degrada la deliberación parlamentaria hasta convertirla en una caricatura. ¡Cómo no va a haber crisis política, señorías, con lo que estamos haciendo hoy aquí! Este trámite parlamentario no ha mejorado el texto, ha endurecido con la derecha los aspectos más regresivos de la contrarreforma y apenas ha incorporado algunos aspectos positivos en igualdad de género, en materia de contratos formativos y otros, como los que venían de enmiendas de mi grupo parlamentario, del Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana, y de otros grupos.
Parafraseando al señor Blanco, no se trata en este caso y en otros de una poda para que el árbol crezca más fuerte; esta reforma es una tala, una tala del débil árbol de los derechos de los trabajadores que se convierte día a día en un bonsái. Tampoco es un ejercicio de responsabilidad del Gobierno. No es responsabilidad ser duros con los débiles, con los propios, y ser débiles con los ajenos, con la patronal, con los mercados. No es responsabilidad, en mi opinión es renuncia. No es una reforma salomónica. No, señorías, qué más quisiéramos, es un menú a la carta para la patronal y una nueva cura de caballo para los trabajadores.
En mi opinión, no se puede utilizar más en vano el nombre de la izquierda. La salida a la crisis de la política y de la democracia no es la renuncia a las posiciones propias, ni mucho menos hacer de la necesidad virtud cantando las alabanzas de esta reforma laboral conservadora en la que el Gobierno hace un trabajo ingrato para la derecha y, parafraseando a Pulp Fiction, luego llevará quien limpie los restos.
La salida digna, en nuestra opinión, es la disidencia con el dogma de la flexibilidad laboral, la salida más digna es la resistencia de la huelga general, porque en nuestra opinión sigue existiendo una salida social a la crisis, pues la prioridad no es la prioridad laboral, la prioridad es la protección de los más débiles y el cambio de modelo productivo; porque es imprescindible la concertación y el acuerdo social para cualquier reforma laboral viable; porque, en definitiva, otra reforma es posible.
Es posible en nuestra opinión reducir la temporalidad, recuperar la causalidad en los contratos, fortalecer la representación de los trabajadores y, también, mejorar los servicios públicos de empleo. Es posible, estamos convencidos. Es posible, sí, pero no así.

El papel de la Asociación de Vecinos Sant Salvador de Polinyà

UN POCO DE HISTÓRIA El papel de la Asociación de Vecinos Sant Salvador A finales de los años 80, la Asociación de Vecinos Sant Salvado...